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Todos los padres queremos comunicarnos con nuestros hijos de la mejor forma posible, pero a veces, nos es complicado lograrlo.

Deseamos acompañarles de la mejor forma y lograr una relación de intimidad con ellos, que permita que además crezcan con una buena imagen de sí mismos.

Para lograrlo es imprescindible cuidar la forma de comunicarte con ellos.

En el artículo de hoy podrás encontrar los 5 errores que no deberías cometer al comunicarte con tus hijos.

Al comunicarte con él, no le digas que sabes mejor que él lo que le pasa o lo que siente.

Tú no eres él o ella.

Tu hijo tiene su propia interpretación de los hechos, y aunque a veces pienses que has vivido cosas parecidas a lo que está viviendo o sientas que sabes lo que le pasa, confía en lo que te diga y dale espacio para actuar cómo necesite.

Cuando tu describes algo que le está pasando a tu hijo según lo interpretas tú, si no coincide con lo que tu hijo está viviendo, lo que vas a conseguir es justo el efecto contrario de lo que pretendes.

Te pongo un ejemplo:

  • “Que te pasa hoy”
  • Nada, estoy cansado
  • No me lo creo, estas raro ¿Qué te ha pasado?
  • Te he dicho que nada, ¡déjame ya!
  • Lo ves, lo sabía, estas enfadado.
  • ¡Déjame en paz!

Puede que el niño no estuviese enfadado, pero ante tu insistencia, se acaba enfadando.

Por otra parte, cuidado aquí con las etiquetas. Es decir, comunicarte con tu hijo diciéndole cómo es.

Decirle que no se quiere, que es vergonzoso, que es inseguro, o que es un vago, va a hacer que se lo acabe creyendo y que acabe cumpliendo lo que le dices.

Por lo contrario, si intentas validar sus emociones, comprenderlas y ver sus necesidades reales, se sentirá acompañado. Podrá ir superando sus dificultades poco a poco y encontrando la motivación que necesita para ello.

No le digas cómo se debería sentir.

Los sentimientos y emociones, nadie los elige. No pueden aparecer a la fuerza, tanto si uno lo intenta por sí mismo, como si la orden viene de afuera.

Cuando te sientes triste y te dices a ti misma: Venga va, deberías estar alegre ¿Lo consigues fácilmente?

No ¿Verdad?

Entonces evita decirle a tu hijo cosas como estas:

“No deberías enfadarte por esto.”

“Tendrías que estar contento con todo lo que tienes.”

“Deberías tener más ganas de jugar con tu hermana.”

Cuando al comunicarte con tu hijo le dices cómo se debe lo que provocas es frustración, sentimiento de incapacidad, apatía, irritabilidad o culpabilidad. No es lo que quieres ¿Verdad?

Entonces, cuando lo veas sintiendo lo que sea, es mejor que le preguntes qué le esté pasando, para que puedas comprenderle de verdad. Teniendo siempre en cuenta su realidad y no la tuya. De esta forma podrá sentirse visto, y validado.

Evita hacer sus cosas por él

He visto a padres, rellenar la inscripción del instituto de sus hijos y llevándola por ellos. Tuve incluso un compañero de trabajo, que se pidió vacaciones para ayudar a su hijo a preparar la oposición y para llevarlo a los exámenes.

Deja a tu hijo hacer su cama, permítele que corte su fruta con el cuchillo más adecuado. Que sea él quien repase si ha hecho todos los deberes y si lleva todo en la mochila, que pida algo a su profesora cuando lo necesite.

Cuando al comunicarte con tu hijo, le dices “Deja que lo haga yo”, no lo haces por él, lo haces por ti. Para sentirte segura de que no va a fallar. En el fondo le estás mandando el mensaje de que no es capaz, o que lo va a hacer mal.

Permítele caerse, para que sepa que estarás ahí si te necesita para levantarse, pero que tenga muy claro que confías en que él sabrá hacerlo.

Cuanto tú, desde pequeño empiezas hacer las cosas por él, para que no se haga daño, o para que no se equivoque, le estás haciendo un flaco favor.

Deja de decirle al comunicarte con él, que tú ya sabes cómo funciona el mundo.

Cuando le dices que las cosas son así porque sí, o porque en tu casa eso funciona así y punto estas reprimiendo a tu hijo.

Decirle que algo es así y que ya se dará cuenta cuando crezca también es una forma de comunicarte que incita a su rebelión.

Decirle que está atontado, que vive en los mundos de Yupi, o que si se cree que el mundo es de color rosa hace que tu hijo se sienta completamente no entendido.

Ejercer tu poder ante tus hijos “porque eso es así” o “porque lo digo yo” hace que el niño no pueda opinar, ni entender lo que pasa.

Esto puede provocar dos efectos

  • Que se rebote y haga todo lo contrario a lo que tú haces o quieres que el haga
  • Que se desconecte de él mismo porque te dice que sí cuando no está de acuerdo y piensa lo contrario. Esto provoca muchos problemas en la vida de adultos. Personas que no saben lo que quieren en la vida, que se sienten desconectadas y no son felices con lo que hacen, por ejemplo.

Lo ideal es que puedas comunicarte con tu hijo desde el dialogo. Explicándole tus necesidades y dando lugar para que pueda explicar las suyas.

Existen formas de encontrar posibilidades entre ambas partes donde los dos ganéis, y de eso se trata. De que ambos podáis decidir cómo llegar a un acuerdo donde os sintáis cómodos.

No le digas que lo haces por él

Cuando haces algo de forma altruista por tu hijo y luego le reprochas que no te ha demostrado el agradecimiento, encima que hiciste algo por él.

Esto es una forma de auto engañarte, porque en el fondo no lo has hecho por él, lo has hecho por ti, porque querías recibir su reconocimiento. Si tu das para obtener agradecimiento de tu hijo, la que tienes que mirártelo eres tú, siento ser tan directa.

En este apartado, podríamos poner también los reproches y las reprobaciones:

  • Cuando el niño hace algo y le reprochas “¿Lo ves? Te lo dije y no me hiciste caso.
  • Has sacado buena nota en matemáticas, pero deberías haber sacado más. Sé que puedes hacerlo y te lo digo por ti, para que te fijes más.

El efecto que provocas en tu hijo al comunicarte con el de esta forma es directamente proporcional a la importancia afectiva de la persona que se lo dice. Cuanto más le importe la persona que se lo dice, más le molestará y mayor será la decepción.

Conclusiones

Es normal que te salgan estas cosas, y mi propósito no es que te sientas culpable por ello, sino todo lo contrario.

A ti te educaron así, y aprendiste a comunicarte de esta forma.

Ahora ya sabes cuánto puede afectar esto en la vida de las personas que más quieres, y tienes la oportunidad perfecta para tomar consciencia y empezar a cambiarlo.

Como siempre digo, muchas veces no es tan fácil aplicarlo, porque para lograrlo necesitas primero mirarte tú, y sanar tus heridas.

Hoy en día trabajo con muchas mujeres adultas que tienen los mismos problemas que cuando eran pequeñas. Porque siguen queriendo agradar y no queriendo decepcionar a las personas que quieren.

Si realmente quieres acompañar de la mejor forma posible a tus hijos para que crezcan seguros de ellos mismos y permitiéndoles ser quien son lo mejor que puedes hacer es empezar por saber quién eres tú y tener la seguridad que necesitas en ti.

De esta forma es más fácil ser consciente en tu día a día y podrás lograr aplicar todas las herramientas para acompañar a tu hijo de forma respetuosa y consciente.

Antes de despedirme, aprovecho para recomendarte un libro sobre comunicación que nunca me canso de reeler, y del que cada vez que leo, saco más información: Comunicación no violenta. Un lenguaje de vida, de Marshall Rosenberg.

Espero que te haya gustado el artículo y me encantaría leer en los comentarios tu experiencia o tu opinión.

Muchísimas gracias por leerme.