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Hoy en día vivimos corriendo. Tenemos una larga listas de tareas y obligaciones y pensamos que tenemos que llegar a todo para no fallar.

Sientes la presión de querer ser buena madre y dar lo mejor en el trabajo. Esto, sin descuidar las cosas de casa, la pareja, la familia y tu vida social.

Hay momentos en que en que es imposible poder llegar a  todo sin morir en el intento. Es entonces, cuando aparece ese sentimiento de culpabilidad por ver que no puedes hacer todo lo que quieres.

En este artículo aprenderás cómo dejar de sentirte culpable por no llegar a todo, para que puedas ponerte manos a la obra y disfrutar más de las cosas que haces.

Tengo que llegar a todo

En nuestra lista hay un gran número de cosas que “tenemos que hacer”.

Nos levantamos pensando todo lo que tenemos que hacer hoy, y mañana, y en lo que no me da tiempo…

Estamos haciendo algo y en nuestra mente ronda que luego hay que recoger a los niños. Además, de camino pasaré a comprar y que ya que estoy pasaré por casa de mi madre y le llevaré eso que tengo para ella.

Y una gran parte del tiempo la vivimos en el futuro, y dejamos por ello de disfrutar plenamente del presente.

Hay mamas que me comentan cómo se sienten muy estresadas, porque si se ocupan de sus hijos y el trabajo, no pueden tener la casa cómo les gustaría. A parte de esto apenas tienen tiempo para quedar con sus amigas y el tiempo en pareja brilla por su ausencia.

La pregunta que me hacen es, ¿cómo puedo llegar a todo?

La respuesta es sencilla, no puedes llegar a todo.

El día tiene 24 horas y lo que tienes que hacer es decidir de forma consciente que eliges hacer.

Las cosas que haces que no quieres hacer.

¿Te has parado alguna vez a pensar en todas aquellas cosas que haces y realmente no quieres hacer?

Muchas veces vivimos en piloto automático y no somos conscientes de todo lo que hacemos porque creemos que tenemos que hacer o porque es lo que esperan de nosotras.

Personalmente, he llegado a dejar de hacer cosas importantes para mí, para hacer un favor a alguien, que no era nada urgente, pero esa persona me lo pedía para ya.

No sabía decir no. Y mientras lo estaba haciendo maldecía mi incapacidad para decir NO.

He ido a eventos sin ganas de ir, he dejado de hacer algo por acompañar a alguien, he hecho muchas cosas, mientras pensaba “vaya mierda, por qué no habré dicho que NO”.

Estoy segura que si revisas las cosas que haces, habrá algunas que estarás haciendo sin ganas, así que… ¿Por qué no piensas en ti y empiezas a decir no?

Al principio puede darte miedo el qué pensarán, pero te aseguro que cuando empiezas a hacerlo de forma asertiva, la gente lo entiende.

Y si alguien no lo hace, debes saber que es su problema, no el tuyo.

Todo el mundo debería ser libre de decir “hoy no tengo ganas de ir a la cena”, o “el favor te lo puedo hacer mañana, que hoy me voy al cine”. Así que te invito a practicarlo.

Las cosas que sí quieres hacer.

Seguimos hablando de tu lista de tareas, exactamente de las cosas que sí quieres hacer.

¿Las quieres hacer porque realmente quieres?

Hay muchas cosas que las hacemos pensando en que tenemos que hacerlas para ser buenas madres, buenas parejas, buenas amigas, buenas hijas, buenas hermanas… para tener éxito en la vida o porque nos han dicho que es lo que todo el mundo debería hacer.

Yo misma me pasé media vida buscando la estabilidad. Siempre había escuchado que había que estudiar una carrera con salida, cobrar un buen sueldo, tener una familia, una casa y una seguridad.

Trabajé muy duro para conseguirlo, para llegar a todo lo que quería y finalmente lo logré. El problema vino cuando me di cuenta de que a pesar de haberlo conseguido no me sentía realizada con ello y sentía que seguía faltándome algo.

Me di cuenta de que había estado luchando por conseguir lo que pensaba que tenía que hacer, lo que había escuchado siempre.

Realmente, con 30 años, seguía sin saber qué era lo que realmente me gustaba y que quería en la vida. Nunca me había parado a conocerme y a escucharme a mí.

Esto no me pasó solo en el ámbito profesional.

A veces hacemos muchas cosas porque pensamos “que hay que hacerlas” o que “la vida es así”. Decidimos hacerlas porque pensamos que es lo que hay que hacer, pero realmente no es cierto.

Nos desconectamos de nosotras mismas y sin darnos cuenta caminamos hacia un lugar que no es nuestro lugar.

Claves para encontrar el equilibrio

¿Dónde estás tú en tu lista de tareas?

A veces, entre todo lo que queremos atender, y esto pasa a muchas mujeres cuando se convierten en madre, nos olvidamos de una misma.

¿Dónde estás tú y el tiempo para ti en tu lista de tareas?

Cuando yo misma me paré a pensar esto, me di cuenta, de que estaban los niños, el trabajo, mi pareja, mi familia, mi casa, y otras muchas “obligaciones”. Estaba intentando llegar a todo y en mi lista de tareas, no había, ni siquiera 5 minutos para mí.

Pensaba que, si no tenía tiempo para todo eso, cómo iba a pararme a buscar tiempo para mí.

Luego entendí que, en parte, mi agotamiento y el estrés que sentía, venían en parte de ahí…

Cuando una misma no se cuida, y no tiene ratos para ella, es imposible que se sienta bien.

Todas las personas necesitamos un espacio personal para poder disfrutar de las cosas que nos gustan, y esto nos ayuda mucho a estar mejor.

Cuando no tienes tiempo para ti, a la larga, te sientes frustrada, y así es imposible estar bien contigo y con los demás.

¿Qué es aquello que te gusta hacer?

Tal vez sea deporte, o leer tranquilamente, quizás un café con una amiga… Mira a ver el tiempo que vas a necesitar para ello y busca la forma de que sí o sí puedas hacerlo.

Empieza poco a poco si tienes niños pequeños, para mí el comienzo fueron dos clases de Pilates semanales. No siempre podía ir (los niños se ponían enfermos, mi marido acaba tarde de trabajar o surgía algo…) pero lo intentaba y para mí, era “mi momento”.

Para mi esta clave es la más importante para empezar a encontrar ese equilibrio que necesitamos.

Sé compasiva contigo

A veces somos demasiado perfeccionistas y queremos hacer todo y tener todo impecable. Tenemos un alto nivel de exigencia y nos machacamos cuando no hacemos todo como queremos. Queremos llegar a todo y además, hacerlo perfecto.

Pero somos humanas, y el tiempo es el que es. No solo hemos venido al mundo a trabajar y a hacer tareas, sino que es muy importante disfrutar de nuestro tiempo.

Así que la próxima vez que te pilles a ti misma machacándote por no poder atender todo, párate a pensar y sé compasiva contigo.

Trátate cómo si fueras una amiga que te cuenta exactamente lo mismo que te está pasando a ti.

¿Le machacarías a ella como lo haces contigo?

Escucha a tu brújula interior

Vivimos en piloto automático y ni siquiera nos paramos a pensar las cosas que tienen sentido para nosotras.

Vivimos en el HACER y olvidamos el SER. Y esto provoca una desconexión de nuestro ser esencial que lo que acaba haciendo es que no disfrutemos plenamente de la vida.

Una cosa que he aprendido a hacer es a escucharme a mi cuando tengo que elegir qué hago.

Por ejemplo, si la casa está por limpiar, pero estoy cansada porque he madrugado por trabajo, me pregunto a mí misma: ¿Qué es lo que sí tiene sentido ahora mismo para mí?

La gran mayoría de las veces es echarme una siesta o parar 20 minutos a relajarme. Antes nunca me hubiese permitido eso, pero ahora sé que ese ratito, hace que el resto del día sea mucho mejor.

Y después si puedo limpio, y si no, soy compasiva conmigo y pienso que la limpieza no era algo tan urgente.

Escúchate a ti misma cuando tengas que elegir qué hacer. Si tienes dos planes y no sabes cual elegir, si te invitan a algo y no tienes muchas ganas, si te piden un favor, pero no quieres hacerlo…

¿Qué es lo que sí tiene sentido para ti hacer?

Pon limites

Cuando empiezas a hacer las cosas que realmente quieres en la vida, sientes que eres libre y disfrutas mucho más de las cosas que haces.

Para poder hacerlo, en ocasiones, necesitarás poner límites y decir NO.

  • No puedo hacerte ese favor, porque ya he quedado con una amiga.
  • No voy a ir a la cena, porque estoy cansada y hoy me apetece quedarme en casa.
  • No voy a esa boda, porque casi no conozco a los novios y prefiero no ir.
  • No te cambio el turno de trabajo, porque quiero llevar a mis hijos a una actividad que hacen esa tarde.
  • No puedo acompañarte a esa hora, porque tengo entrenamiento y es mi momento sagrado.

Puede parecerte difícil hacerlo, pero el truco está en empezar a hacerlo de forma asertiva.

Cuando empiezas aplicarlo, te das cuenta de que la gran mayoría de personas te entiende. Si hay alguien que no lo hace, puedes estar tranquila, porque su enfado no de ti, va de que no sabe aceptar que no se cumplan sus expectativas. Eso, no es tu responsabilidad.

Delega.

A veces, pensamos que tenemos que ser nosotras las que tenemos que hacer todo, y no es así.

Pide ayuda si lo necesitas. No pretendas llegar a todo tú sola, cuando hay cosas que pueden hacer por ti.

Hay personas que no dejan que sus parejas limpien ni cocinen, porque no lo hacen cómo ellas y eso es ponerte encima una carga de tareas enorme.

Si vives con tu pareja, haced un reparto de las tareas en el que ambos estéis de acuerdo.

Sé consciente de que cada uno tiene una forma de hacer las cosas haz lo que te toque y respeta que la otra persona lo haga como considere. Si nunca le das la oportunidad de hacerlo siempre lo tendrás que hacer tú.

Si por trabajo no tienes tiempo para limpiar y tu sueldo te lo permite contrata a alguien que te ayude en casa.

Enseña a tus hijos desde pequeños a que colaboren en las tareas.

Mis hijos de 4 y 6 años se hacen sus camas, pliegan sus pijamas y los guardan, se visten, se lavan los dientes, y quitan la mesa. Y no lo han vivido cómo una exigencia, sino cómo algo que hacemos todos en casa en equipo.

Si aprenden que tener la casa en orden es cosa de todos desde pequeños, además de quitarte trabajo, te estarás ahorrando un problema en la adolescencia. Porque si no lo han hecho nunca antes, no esperes que a esa edad empiecen a hacerlo.

La meditación/mindfulness pueden ayudarte

Para mantenerte conectada contigo, la meditación o el mindfulness pueden ser tus aliados.

Yo empecé hace unos meses a practicar mindfulness cada mañana y te aseguro que los días empiezan de forma muy distinta.

Conectas con la respiración, dejar todos los pensamientos a un lado y disfrutas de unos minutos contigo.

Te ayuda a conocerte, a gestionar tus emociones y a sentir que empiezas el día con mucha más energía.

Empiezas el día conectada con “SER” y no con “HACER”.

Conclusiones

Sentirse frustrada o culpable porque sientes que no puedes llegar a todo lo que te gustaría es algo muy común, sobre todo en las mujeres que somos madres.

Si esta es tu situación y necesitas cambiarla para sentirte bien, debes empezar por pensar en ti.

No se trata de buscar la forma de llegar a todo, si no de encontrar la forma en la que llegues a lo que llegues, te sientas bien.

Para ello, lo primero, es cuidarte y estar tu bien. Así que guarda un tiempo que sea para ti.

Después empieza a escucharte a ti misma para que las cosas que elijas hacer, sean realmente las que tienen sentido para ti.

Por último, los días que algo se complique o por cualquier motivo no puedas hacer las cosas que te hayas propuesto, piensa si realmente es algo tan grave.

¿Realmente es tan malo no hacer eso que no has podido hacer?

Sé compasiva contigo y pon en práctica todo lo aprendido en el post para empezar disfrutar mucho más de lo que haces.

Espero que el post te haya gustado, me encantaría saber tu opinión, y si tienes alguna duda, escríbeme en los comentarios.

¡Mil gracias por leerme!