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Los niños no aprenden lo que les enseñas, si no que te aprenden a ti. Tú eres su mejor ejemplo. Cómo actúas, cómo hablas, cómo te mueves, eso es lo que aprenden en realidad.

Para poder enseñarle algo, lo que tienes que hacer es ser tu su ejemplo. Y ya no tendrás que explicarle nada más, porque lo aprenderá solo.

Cuando te conviertes quieres darlo mejor a tus hijos, y a veces, surgen las dudas.

No sabes si lo estás haciendo bien, no sabes cuál sería la mejor forma de acompañarle y encima, cuando sientes que te equivocas te sientes culpable.

En este artículo aprenderás cómo solo cuidándote a ti para poder ser tu mejor versión, podrás acompañar de la mejor forma a tu hijo, siendo el mejor ejemplo para él.

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Tu hijo no aprende lo que le enseñas, te aprende a ti

A menudo me encuentro con madres que se han formado y que se sienten frustradas. A pesar de saber la teoría, sienten que fallan cuando intentan poner todo lo que saben en práctica y no lo consiguen.

Han aprendido leyendo, asistiendo a charlas o talleres, haciendo algún curso sobre temas como inteligencia emocional, crianza respetuosa, etc… Quieren ser la mejor madre para sus hijos pero en determinadas situaciones no consiguen gestionarlas cómo les gustaría y sienten que fracasan.

El otro día, trabajaba con una clienta que era profesora y tenía una autoestima muy dañada. Como ella sufría tanto por no valorarse y respetarse, estaba muy empeñada en ayudar a sus alumnos a tener una sana autoestima. Durante las sesiones descubrió, que es imposible que una persona que no se quiere pueda enseñar autoestima, por muchas actividades que prepare para ello.

Una madre no puede ayudar a su hijo a ser seguro de sí mismo si ella no es una persona segura.

Y así… con cualquier cosa que pretendamos enseñar a nuestros hijos.

Es imposible enseñarle que haga algo cuando tú estás haciendo algo distinto, o incluso lo contrario.

Es necesario que para cualquier cosa que queramos enseñarles, seamos su mejor ejemplo.

Mi propia experiencia

Después de ser madre de mi segundo hijo, tras unos años en los que había vivido una serie de acontecimientos muy duros, me sentía agotada.

A parte de todo lo que había vivido en los últimos meses me veía con mis dos hijos, el trabajo, las cosas de casa… Sentía que no llegaba a todo y esto me estresaba en gran medida.

Además, mi frustración hacía que fuese capaz de gestionar mis emociones y cuando estaba con mis hijos apenas lograba poder estar presente con todos los pensamientos que me invadían sin cesar.

Me había formado en inteligencia emocional y crianza consciente, pero por mucho que lo intentaba, no podía dar a mis hijos lo que quería porque yo no estaba bien.

Al ser consciente de ello comprendí que no podía seguir así y pedí ayuda para emprender mi proceso de crecimiento personal, que me llevo a donde estoy ahora.

A través de este proceso y con mucho trabajo personal dejé aflorar lo mejor de mí para poder ser mejor persona y mejor madre. Para poder ser el ejemplo que quería ser para ellos.

¿Cómo se hace esto de cuidarse para poder darle el mejor ejemplo?

Muchas veces, sobre todo cuando te conviertes en madre te vuelcas en tus hijos y en el resto de tus obligaciones para volcarte en lo demás y te olvidas de ti.

Tu misión en la vida se convierte en ser la mejor madre para tus hijos.

Cuidarte por una parte es dedicar tiempo para ti y para hacer las cosas que te gustan. Por otra parte, para mí, cuidarte es decidir conocerte de verdad, sanar tus heridas y sacar a la luz todo tu potencial.

Ponerte en la lista

Te propongo un ejercicio muy sencillo que hago en mis talleres. Coge un papel y boli y piensa en las personas más importantes de tu vida, haz una lista con esas personas.

Para de leer y sigue cuando ya hayas terminado tu lista.

Si ya lo tienes, revisa si tú te has puesto en esa lista. Deberías estar en ella, y en el primer lugar.

Es importante que empieces a entender la importancia de cuidarte y quererte. Porque si dando todo a los demás te quedas sin fuerzas, es imposible que por mucho que lo intentes les des lo mejor.

Si no estás bien contigo, no te sientes bien, y eso se nota, es imposible dar lo mejor de ti a los demás.

Por lo tanto, si no estabas en esa lista, te invito a que te pongas en el lugar que te corresponde y empieces a interiorizarlo.

Dedícate el tiempo que necesitas para ti, haz las cosas que te gustan, verás cómo te ayuda a sentirte mejor contigo, y también con el resto.

Trabaja en tu desarrollo personal

Este apartado es todo un proceso, que te lleva a ser más libre, a sanar las heridas del pasado y a ser más feliz.

Es un proceso que se tiene que decidir hacer, hay que dedicarle tiempo y esfuerzo, pero te aseguro que la recompensa es impresionante.

Estos son para mi algunos de los aspectos más importantes a trabajar, cuando quieres crecer como persona.

La identidad

Seguramente pienses que ya sabes quién eres, pero si cuando empiezas a trabajar en ello, te das cuenta de que no eres todo lo que crees.

Desde pequeña, te han dicho lo que tenías que hacer, cómo tenías que ser para ser correcta. Te han dicho que no eras capaz de hacer muchas cosas y que era malo hacer otras. De esta forma, de forma inconsciente fuiste rechazando partes de ti que creías que eran malas o no iban a ser aceptadas y creaste tu sombra.

Eso, ha hecho que crees una imagen de ti que es lo que realmente muestras al mundo, pero que no eres tú.

La sombra es la parte de ti rechazada que de forma inconsciente sigue formando parte de ti.

Sale a la luz en los momentos que menos lo necesitas, cuando dices algo que no quieres, cuando actúas de forma que luego te arrepientes…

La sombra está formada por aspectos tuyos y características en las cuáles también se incluye tu potencial.

Trabajar tus máscaras de protección y poner luz en tu sombra es algo difícil, es como hurgar en tu propia basura, pero es algo muy liberador. Cuando lo haces empiezas a aceptarte y a conocer quién eres realmente.

Además de ser algo que te ayuda a ti a crecer como persona, te ayudará a poder mostrar tu yo más real a tu hijo.

Podrás ir enseñándole todo lo que has descubierto mientras crece, acompañándole de una forma muy distinta, dando cabida a que sea quien ha venido a ser. Será un niño más libre para crear su propia identidad desde el principio.

Y tú, serás su mayor ejemplo.

Autoestima

Solo cuando sabes quién eres y te aceptas tal y como eres es cuando puedes quererte de verdad.

Una sana autoestima ayuda a cuidarte, a estar segura en tus decisiones, a permitirte expresarte tal y cómo eres.

Quererte no significa que te guste todo de ti, simplemente que te aceptes con tus virtudes y tus defectos.

Esto te ayuda a tener mejores relaciones y a disfrutar más plenamente de la vida.

Así que este es un punto sumamente importante para tu bienestar y para enseñar a tus hijos.

Hay mamás que intentan que sus hijos crezcan seguros de sí mismos y sufren cuando en el parque no son capaces de pedir algo. Cuando ellas mismas en su día a día sienten la misma inseguridad.

Inconscientemente proyectan sus inseguridades en sus hijos y estos las aprenden de ellas.

Así que aprender a quererte, a cuidarte y a aceptarte es otro punto muy importante para convertirte en su mejor ejemplo.

Sanar tu niña interior

Todos hemos sufrido en el pasado en mayor o menor medida. De algún modo, en algún momento de nuestra infancia, nuestras necesidades de presencia, amor o reconocimiento no se vieron satisfechas.

Esto hizo que sintiésemos miedo, y provocó sufrimiento.

Ahora ese sufrimiento sale a la luz, cuando a pesar de saberte toda la teoría, se te escapa un grito, unas malas palabras o haces algo de lo que luego te arrepientes.

Esa que grita, no es otra que la niña herida que reside en ti.

Los famosos “automáticos” que aparecen sin que podamos pensar o decidir, son parte de ello.

Es algo normal que surjan en ocasiones si no has sanado tus heridas de la infancia y no tienes que machacarte por ello.

Es posible sanar esas heridas, hacerlo te libera de toda la carga emocional que arrastras del pasado y además te ayuda a comprenderte.

Aprendes a que ahora, tu misma tienes los recursos que necesitas para darte el amor que te faltó entonces. Y si alguna vez surge un “automático” puedes ser compasiva contigo dándote amor y sanando esas heridas del pasado.

Poco a poco te conviertes en una mujer más libre, más feliz, mejor madre y mejor ejemplo para tus hijos.

Creencias limitantes

Las creencias limitantes son una percepción de la realidad que nos impide crecer, desarrollarnos como personas o alcanzar todas esas cosas que nos hacen ilusión.

Realmente no son ciertas, pero que como si lo es para nuestra mente, lo damos por bueno.

Son afirmaciones que hemos ido escuchando a lo largo de nuestras vidas y que muchas veces se cumplen porque damos por hecho que son ciertas.

El cuento del elefante encadenado, es una metáfora que explica muy bien qué son las creencias limitantes, te dejo aquí el enlace por si quieres verlo.

Las hay sobre muchas cosas en la vida, te pongo aquí unas cuantas como ejemplo:

  • Nunca seremos ricos, nosotros somos trabajadores
  • El dinero solo va a los ricos
  • No encontraré un buen trabajo
  • Nadie va a quererme.
  • Esta es la vida que me ha tocado
  • Brillar es malo, hay que intentar pasar desapercibida para caer bien.
  • Yo ya estoy mayor para hacer esas cosas.
  • Hay que tener suerte para que la vida te vaya bien

Cuando creemos algo de forma inconsciente, nuestros propios hijos aprenden estas creencias de nosotros. De ahí, la doble importancia de cambiar esas creencias limitantes por otras que te potencien.

Primero por ti, y segundo para que ellos no las adquieran sin que te des cuenta.

Los únicos límites reales que existen en la vida son los que una misma se pone creyendo que son ciertos.

Si quieres que tus hijos no se pongan los mismos límites que tú, tendrás que trabajar en ellos.

Inteligencia emocional

Parece que la inteligencia emocional se ha puesto de moda y doy gracias por ello. Sin embargo, hay personas intentando enseñar a niños sobre emociones a las que les faltan herramientas para sostenerse ante las suyas.

Y como ya he dicho antes, es imposible enseñarles algo que tú no aplicas en ti.

Vivimos en un mundo lleno de estrés, de perfeccionismo, donde parece que tenemos que llegar a todo y cuando no lo hacemos nos sentimos culpables.

Nos enfadamos cuando algo o alguien no cumple nuestras expectativas y nos ponemos tristes ante la pérdida de algo.

No existen emociones malas. Todas están ahí para algo, y de lo que se trata es de primero ser conscientes de que sentimos cuando sentimos una emoción.

A partir de ahí podemos entender para qué estamos sintiendo esa emoción y más allá del entendimiento racional, lo que más funciona es utilizar prácticas que te ayuden a integrarlas.

Integrar tus emociones te permite hacerte cargo de ellas para que la carga emocional baje y puedas sentirte mejor, para tomar decisiones desde un estado más sereno.

Cuando aprendes a hacer esto, eres capaz de hacerlo con tus pequeños. Y así es cómo ellos aprenden, siempre te escogen a ti cómo su ejemplo.

Sientes que tienes todas las herramientas que necesitas para sostenerte en la vida, te pase lo que te pase y esto te da una gran paz.

Comunicación efectiva y asertiva

La comunicación es un punto absolutamente importante que muchas veces pasa desapercibido.

De forma inconsciente, nos comunicamos desde el juicio y la exigencia y lo aprendemos así desde pequeños.

Sin quererlo somos violentas hasta al hablarnos a nosotras mismas.

Mediante la comunicación no violenta, puedes expresar lo que sientes, expresar los hechos y pedir lo que necesitas en la que no se juzga ni se reprocha.

De esta forma es mucho más fácil entenderse, y te sientes respetado.

Aprender a hablar de esta forma requiere esfuerzo, pero te ayudará a comunicarte con tus hijos de forma que no sientan que les estás exigiendo, juzgando o reprochando.

Además, si tú les hablas así, ellos aprenderán a comunicarse igual, y les estarás dando una gran herramienta para su futuro.

Conclusiones

Para dar lo mejor a tu hijo, no vale que le expliques toda la teoría que aprendes, lo que necesitas es ser tu su mejor ejemplo.

Parece complicado, y sí, requiere de esfuerzo y muchas ganas, pero cualquiera que lo decida puede hacerlo.

Yo siento que todo este camino que en su día decidí realizar me ha llevado a ser mejor persona, a disfrutar mucho más de la vida y sentirme bien conmigo y con lo que hago.

Y además a ser la madre que quiero.

Con muchos fallos todavía. Claro que se me escapa un grito y cometo errores. Pero soy consciente de ellos, pido perdón, e intento ir trabajando en mí y mejorando.

Mis hijos ahora ven una madre que se quiere y se dedica un tiempo. Ven que he cambiado de trabajo y que estoy trabajando para alcanzar unos sueños.

Me ven libre y disfrutando de este camino de aprendizaje.

Puedo ayudarles a gestionar sus emociones, porque sé gestionar las mías.

He cambiado gran parte de creencias que me limitaban y sé habrían sido barreras para ellos: mi forma de relacionarme con el dinero, mi forma de ver el éxito, de verme a mi…

Esto dista mucho de la madre frustrada, agobiada y estresada que se hubieran encontrado, de no haber decidido trabajar en aquello que necesitaba.

Lo hice por mí, y por ellos.

Quería ser feliz y ser su mejor ejemplo.

¿Qué decides tú?