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La niña que fuiste aún habita en tu interior, y es muy probable que esté herida. Esta niña, todavía ahora necesita tu amor y aceptación.

Cuando crecemos y llegamos a la vida adulta, vivimos el día a día sin darnos cuenta de las veces en que la niña herida que nos habita actúa de forma inconsciente en nuestras vidas.

Cuando tienes miedo en la vida, a fracasar, a ser rechazada, a no ser suficiente… en realidad quien tiene miedo es la niña que te habita.

En la infancia, cuando una niña no es validada, cuando se reprimen sus emociones, sus actos, cuando se le dice que no tiene que ser cómo es, o se le exige que sea de determinada forma, la niña siente dolor, siente que no es suficiente y que no está bien ser como es.

De forma inevitable, todas hemos sufrido momentos en que no hemos logrado cubrir las necesidades afectivas que teníamos, que podían ser de presencia, de aceptación, de validación, de amor incondicional… En consecuencia, de menor o mayor medida toda persona que no ha trabajado en su sanación convive con su niña interior herida.

Tu niña herida se manifiesta constantemente, especialmente en las situaciones en las que tienes problemas al intimar con las personas.

Cada vez que haces algo y te rechazas o críticas por no haber hecho algo diferente, estas dividida y accediendo a una parte tuya no resuelta, a tu niña interior herida.

Cada edad que has vivido está dentro de ti, dentro de tu conciencia y de tu memoria.

Para comenzar a sanar las heridas emocionales que todas arrastramos desde la infancia o incluso la adolescencia, lo que más necesitamos es sanar a nuestro niño o niña interior.

Tu primer trauma. Nacer

Los seres humanos pasamos unos 9 meses dentro del útero de nuestras madres. Dicen que durante este tiempo ya nos afecta directamente lo que pueda estar viviendo nuestra madre.

El útero es un maravilloso chill-out donde nos encontramos calientes, arropados y tenemos todas nuestras necesidades cubiertas.

De repente llega un día en que decides nacer, y con ello llega el primer gran trauma de tu vida. Eres arrancada de aquel lugar en el que estabas tan a gusto y de todo es distinto.

Sientes frío, tienes que respirar, necesitas esforzarte para comer y aquí van llegando tus primeras necesidades no satisfechas. Cuanto más traumático es el parto, más profunda es la herida que deja, y todos la tenemos.

Primeros días de vida

Después vienen los primeros días de vida y aquí puede que hayas tenido suerte y que tuvieras un inicio más fácil, aunque el principio siempre es complicado.

Pero… ¿Qué hay de esos niños que nacen enfermos, o que sus madres están mal después del parto y no están con ellos?

Mi primer hijo fue arrancado de mi nada más nacer y de ahí se fue a una incubadora, en la que estuvo poco más de un mes. Fue operado y estuvo más de una semana sedado lleno de tubos y sin contacto alguno conmigo.

Cuando salió del hospital, durante meses, se asustaba cada vez que se le acercaba alguien. Tenía pánico por todo lo que había sufrido y nos costó mucho contacto y amor que se relajase.

Ahora es un niño muy cariñoso, y entre muchas otras cosas (que te voy a decir yo como madre…) es muy aprensivo en determinadas ocasiones. Van pasando situaciones, que no son ni buenas ni malas, pero sabemos que están marcadas por su dolorosa experiencia.

Lo bueno es que somos conscientes de ello, y que cuando llegue el momento le ayudaremos a sanar esta gran herida.

La infancia temprana

La infancia temprana es el periodo en que se sientan las bases de todo el desarrollo posterior del individuo.

Desde los 0 a los 3 años el cerebro se desarrolla en un 80% y los en los siguientes dos años se desarrolla en un 10 por ciento más, es decir que, hasta los 5 años, el cerebro humano se ha desarrollado en un 90%.

Es por ello que no resulte extraño que durante los 5-6 primeros años de vida, lo que reciba la niña, será sumamente importante en su futuro.

Todo lo que en estas edades un niño o niña haga sentir al niño rechazado o no querido, influirá para el resto de su vida.

Como ya he dicho antes, un adulto no siente miedo, cuando tienes cuando temes ser rechazada, o sientes que eres una persona insegura, realmente quien tiene miedo es la niña que hay en ti, que en su día sintió ese mismo miedo.

Tu responsabilidad como madre

Ser madre no es fácil y desafortunadamente la empezamos sin tener idea de cómo se hace. Quienes sufren las consecuencias de esto son los hijos, especialmente el mayor o la mayor.

El aprendizaje viene dado mediante prueba y error.

Ahora empieza a haber escuelas de padres, libros y conferencias que nos enseñan a quienes nos interesamos por ello. No obstante, es complicado y hay que tener en cuenta que a nuestros padres nadie les enseño.

Tus padres, lo hicieron lo mejor que sabían, y aunque pienses que haya cosas que hayan hecho fatal, era lo mejor que sabían.

Tener un padre maltratador, un alcohólico, una madre que pasó de ti, que os dejó… es muy duro y difícil de entender. Aunque parezca increíble estos tipos de padres también estaban haciendo lo mejor que podían.

Como siempre digo, lo mejor que puede hacer una madre por sus hijos es cuidarse estar bien con ella misma y sanar sus heridas, porque solo de esta forma podrá dar a sus hijos lo mejor.

Tu hijo necesita tu mirada, validación, aprobación, amor, respeto, comprensión, presencia…

Dar lo que no has tenido duele y cuesta esfuerzo, pero estarás rompiendo la cadena y siendo la madre que tus hijos necesitan.

Esto no quiere decir que tengas que ser perfecta, ni mucho menos. Porque todas tenemos un mal día, perdemos las formas y nos equivocamos. Pero ser consciente te lleva a darte cuenta de cuando algo no está bien, y siempre podrás rectificar.

Porque si hay algo maravilloso en los niños, es que viven en el presente. Si tienen una necesidad no cubierta, cuando te das cuenta y la cubres, todo se olvida.

Tu responsabilidad como hija

Los niños son pureza, inocencia, están libres de culpa, viven el presente y no se apegan a los estados de ánimo.

Me encanta ver como mi hijo puede estar peleándose con su hermano y que de repente vea al perro del vecino y que se le olvide la pelea por completo. Por desgracia, a un adulto no se le olvidan los problemas tan rápido.

Todos nacemos un sistema de creencias como una hoja en blanco. Este sistema se va formando por las experiencias que vivimos que van determinando nuestras creencias.

A su vez las creencias que adquirimos favorecen nuevas experiencias y así se va formando nuestra identidad.

Lo que te sucedió no tiene por qué ver con lo que tu interpretaste que te sucedió, estabas en la construcción de tu personaje.

Tu responsabilidad cómo hija no es más que tratar de estar en paz contigo misma y con lo que has tenido, tratando de aceptarlo y perdonar. Y además perdonarte a ti misma, porque tú también lo hiciste lo mejor que sabias.

Piensa que el ser humano, siempre puede aprovechar algo de cada situación, por muy mala que sea.

Cómo conectar con tu niña herida

Cuidar a tu niña interior es de vital importancia para la mejora emocional y para mantener una sana autoestima.

Si quieres llevar una vida integra, en las que exista la posibilidad de un desarrollo verdadero, debes llegar hasta tu niña interior. Escucha qué es lo que tiene para decirte, y comprométete en la tarea de sanar las heridas.

Este es un proceso que no es fácil, y duele, pero es totalmente liberador.

Ahora querrás saber cómo se hace eso.

No hay una receta universal, tendrás que ir probando hasta encontrar tu manera, y si quieres ir al grano, en mi programa ALMA podrás trabajarlo a fondo, acompañada por mi.

Aquí te dejo unos cuantos ejercicios que pueden ayudarte en gran medida a conectar con esa niña herida que llevas dentro.

Empieza a despertar a tu niña interior

Busca fotos de tu infancia que te hagan recordar cómo eras. Colócalas en sitios que vayas a ver a menudo, en tu cartera, como fondo del móvil…
Cada vez que la veas dirige algún gesto cariñoso a esa niña, dale el amor que necesita.

Este ejercicio te ayudará a despertar a tu niña interior y a tenerla presente empezando a cuidarla y amarla.

Mira bien las fotos, ¿Qué te está diciendo esta niña?¿Que le dirías si la tuvieses delante?¿Concuerdan las imágenes con lo que crees que sentías?

Cuando hice este ejercicio me di cuenta de que en todas las fotos aparezco feliz y dicharachera. Esto dista mucho de lo que sé que había dentro de mí. Lloré mucho.

Me dediqué unas semanas a decirme a mí misma que ya no necesitaba ser fuerte a los ojos de nadie. Había llegado el momento de permitirme ser vulnerable.

Me abracé y me envié todo el amor posible para permitirle a mi niña interior expresar lo que sentía. Le dije que podía pedirme ayuda siempre que lo necesitase, que yo estaría ahí.

Utiliza la escritura para hablar con tu niña herida

Toma papel y boli, si tienes una libreta bonita que puedas tener a mano mucho mejor.

Busca tiempo para ti, y relájate.

Imagina que tienes una conversación con tu niña interior.

Con tu mano derecha si eres diestra, si no con la izquierda, escribe todo lo que como adulta le dirías a esa niña.

Empieza por hacerle preguntas básicas para situarte como:

 ¿Quién eres?

¿Qué esperan tus padres de ti?

¿Cómo te sientes?

¿Cuáles son tus miedos?

¿Qué es lo que no te gusta hacer?

¿Qué te encanta?

¿Quién te da cariño?

¿Qué te pasa en el colegio?

Con la otra mano escribe las respuestas imaginando que eres esa niña herida. Te costará escribir con esa mano, pero de eso se trata, de que sientas que eres una niña que aún está aprendiendo a escribir.

Mantén una conversación con esa niña, dile todo lo que sientes, dale el amor que le darías si la tuvieses enfrente de ti.

Recapitula los problemas o las dificultades que hayas tenido y “háblalos” con ella, abrázala, reconfórtala, acéptala hazle llegar todo el amor que está pidiendo a gritos.

Este ejercicio requiere de mucho tiempo así que puedes ir retomándolo cada vez que puedas. De esta forma podrás ir revisando tu pasado y tu relación con esa niña herida que hay dentro de ti para ir sanando todo lo que necesitas.

Si realizando este ejercicio lloras, te enfadas, te sientes impotente, frustrada… Quiere decir que lo estás haciendo bien.

Déjate guiar por tus hijos

Tus hijos son espejos que no hacen más que mostrarte tus sombras continuamente.

Es fácil darte cuenta cómo muchas veces tu propio discurso se acaba convirtiendo en el suyo propio.

Tratas de esconderle tus debilidades o aquello que no quieras que aprendan de ti, pero da igual, ellos te aprenden.

Si te das cuenta en los momentos “oscuros” la forma en que tratas a tus hijos es la forma en la que a ti te trataron.

Estate atenta a las señales, dales todo el amor que seas capaz de darles, y reconócete en ellos.

Encuentra en ellos la niña herida que te habita y a ella, también hazle llegar el amor.

Los niños tienen una energía inmensa, que les impulsa a descubrir el mundo, a jugar, a disfrutar. Deja que te ayuden a reconectar con tu esencia, bailando, cantando, soñando.

Vivimos en un mundo en el que no nos permitimos muchas cosas, porque pensamos que no están bien para un adulto.

Reconecta con aquella que fuiste y saca la niña que llevas en ti y saca a relucir tu parte más auténtica.

Medita para dar amor tu niña herida interior

Realizar pequeñas meditaciones en las que imagines cómo hablas con la niña que fuiste también ayuda.

Puedes hacerlo cada vez que lo necesites, ponte cómoda, cierra los ojos, conecta con tu respiración y habla con tu yo infantil.

Dile que la comprendes, que le quieres y que siempre vas a estar ahí con ella, cada vez que la necesites.

Abrázala, y dale todo tu amor.

 

Conclusión

Mi niña interior pasó años llorando por los rincones, pidiendo ser atendida, saliendo a relucir en muchos momentos de mi vida. Hasta que me di cuenta de todo lo que había sufrido y entendí que para que todo encajase de nuevo, debía hacerme cargo de ella y sanar las heridas.

Una vez eres adulta, la persona en que te conviertes tiene mucho que ver con todo lo que te ha pasado en la vida.

En ti hay una niña deseando que hagas caso a la persona que más necesita, TÚ.

¿Te animas a intentarlo?

Será una de las mejores cosas que puedas hacer para vivir mucho más libre, y para además poder acompañar mejor a tus hijos.

Puedes preguntarme cualquier duda o darme tu opinión sobre el artículo. Me gustaría mucho saber cuál es que piensas sobre este tema tan importante para mi.

¡Muchas gracias por leerme hasta el final!

¡Te leo en los comentarios!